Mundo de palabras

agosto 25, 2006

Las cartas relato en cocción

Filed under: Uncategorized — mundodepalabras @ 3:00 pm

Como dormido y arrastrado por el resto de la correspondencia -una revista por suscripción, dos invitaciones y memorandos- una mañana llegó un sobre.

Era Milena que escribía, correo certificado, sólo direcciones de oficinas de correo. la primera llegó de Madrid. Luego Valencia. Zaragoza. Barcelona. Y después fue paseando por Europa. Amsterdam, Berlín, Viena, Roma y más ciudades.

Al parecer él era parte de una técnica sicológica, un escribir cartas para ordenar la vida para entenderse mejor.

Y todas las cartas siempre comenzando igual: ‘¿Qué es la vida?’

 Y la vida durante meses fue una moneda, una bicicleta, una isla desierta, un gruta escondida, ur árbol y su fruto, un planeta distante, por tantas razones.

La vida también fue una caja. ‘Una caja donde uno mete y va metiendo cosas, a veces hasta se olvida de lo que hay dentro, pero llega un momento en que hay que comenzar a sacar para que la caja no se rompa’.

Y así se sintió él, un objeto sacado de la caja para que no se rompiera.

agosto 24, 2006

Segunda escena relato Ana

Filed under: Cuaderno de notas — mundodepalabras @ 2:28 pm

-Señor Jiménez, por favor…

El hombre, de braga amarrilla, extiende un papel y un bolígrafo, sólo espera su firma. Son las cinco de la tarde y cede el día. Una caja de libros fue la última en llegar.

Él se limita a realizar lo mínimo necesario para satisfacer el pedido. Trata de murmurar algo que suene a ‘hasta luego’, ‘muchas gracias’ o algo similar. Luego es efectivo en levantarse y acompañar a su visitante, llevándolo, dirigiéndolo hasta la puerta para hacerlo salir.

Cierra la puerta como si fuera un faraón que se entrega a la eternidad en una tumba desproporcionada.

El balcón.

Sobre el mar, cuyas olas apenas se perciben, hay rayones de anaranjado del sol que va desapareciendo. Voltea una de las sillas del comedor, se sienta, apoya el mentón en el respaldo de madera y deja pasar las horas.

Llega la noche. Todo lo que ve ahora es la uniformidad de azul profundo interrumpida por puntos luminosos fijos o intermitentes.

‘La vida es un balcón, Milena’, comienza a escribir en una carta con destinataria pero sin dirección de entrega.

‘Como el día que se reinventa en noche mirado desde un balcón, Milena, todo cambia para seguir igual pero cuánto ensañamiento hay en el proceso’.

Varias, muchas, demasiadas líneas.

Sólo se interrumpe para analizar si podrá adoptar un nuevo criterio para ordenar su biblioteca, lo demás son páginas y páginas de cosas que quedaron por decir.

Y ‘adiós, Milena’ para cerrar.

agosto 23, 2006

Historia de Dutroux (continuación)

Filed under: Historias de papel — mundodepalabras @ 9:10 pm

El monstruo Marc Dutroux, el hombre más odiado de Bélgica, especializado en el secuestro y tortura de niñas y adolescentes, no tiene categoría mental para aspirar al Premio Moriarty, pero si es cierto lo que dice, que obedecía órdenes de un círculo de hombres poderosos, éstos, que aún permanecen en la sombra, sí que podrían ser candidatos al premio.

El caso podría ser similar al de las muchachas de Ciudad Juárez, aunque a modesta escala europea. Los hipotéticos sádicos belgas, carentes del apoyo paraoficial y mafioso con que cuentan los americanos, no dispondrían de un suministro tan masivo de víctimas y dependerían para aprovisionarse de gente como Dutroux, que ahora comparece a juicio acusado de secuestro, violación y tortura de seis menores y del asesinato de cuatro de ellas, que murieron en cautiverio. Dos fueron ejecutadas por sus intentos de fugas (eran las mayores); otras dos, ambas de ocho años, murieron de hambre y sed mientras Dutroux estaba preso por un ajuste de cuentas. Su mujer no se atrevió a llevarles alimentos y las dejó morir.
Precisamente sobre su mujer, Michelle Martin, ha cargado Dutroux la mayor parte de la culpa. Y también sobre otro de los acusados, Michel Nihoul, hombre de turbios negocios y traficante de droga, que asegura que fue quien le encargó los secuestros. Según esto, Nihoul sería el contacto con una red sádicopederasta secreta, de la que Dutroux siempre habla, pero sin dar más explicaciones.
Nihoul, como era de esperar, lo niega todo. Sólo admite haber abastecido de droga a Dutroux y a su amigo Michel Lelièvre, el cuarto acusado en este proceso infernal.

Michelle Martin

Por su parte, Michelle Martin, la ya ex esposa, asegura ser una mujer maltratada y atemorizada, que compartía a Marc Dutroux con otras amantes y no se atrevía a desobedecerle. “Entrar en el mundo de Marc Dutroux es como entrar en una secta”, ha dicho.
Reconoce haber dejado morir de hambre a las dos niñas de ocho años, pero antes del juicio negaba haber visto a ninguna de las víctimas, a pesar de que su marido la mantenía informada de sus fechorías. Ahora, en cambio, admite que le ayudó a filmar algunas de sus violaciones. El cuarto acusado, Michel Lelièvre, culpa de todo a la heroína y el éxtasis, que le nublaban la mente y le obligaban a secuestrar niñas para una red mafiosa a cambio de dinero o de drogas.Hasta ahora, lo más sensacional del juicio ha sido la declaración de Sabine Dardenne, una de las dos supervivientes de los secuestros, que tenía 12 años cuando

Sabine con 12 años

cayó en poder de Dutroux y pasó 80 días desnuda y encadenada, sufriendo violaciones desde el primer día. Asegura que Dutroux le dijo que en realidad le estaba salvando la vida, porque “su jefe” quería matarla. Además, le hizo creer que sus padres no querían pagar el supuesto rescate pedido por ella. Ella escribía cartas a su familia, que la policía encontró después debajo de una alfombra. Cuando Sabine le pidió una amiga para tener compañía, Dutroux secuestró a Laetitia Delhez, de 14 años, a la que sometió al mismo tratamiento. Ambas fueron rescatadas por la policía seis días después, gracias a que un amigo de Laetitia logró tomar el número de la matrícula de Dutroux casi completo.
Dutroux se levantó del banquillo para decir que lamentaba el daño causado. “Váyase al infierno”, le replicó Sabine.

Desde su comienzo, el caso ha estado rodeado de escándalos por la deficiente actuación policial y judicial. Numerosas pruebas han desaparecido. No falta quien afirma que Dutroux contó con protección. En 1998 logró fugarse durante unas horas y su fuga ocasionó la dimisión del jefe de policía y los ministros de Interior y Justicia. Ahora es uno de los presos más vigilados de Europa, y en su celda se enciende la luz cada siete minutos y medio para comprobar que sigue ahí y que está vivo.

Dutroux, que ahora tiene 47 años y siempre vivió de la delincuencia, inició su carrera de violador en 1983 y fue condenado a 13 años de cárcel por cinco secuestros y violaciones. Salió de prisión en 1992 y en 1995 emprendió una nueva serie de crímenes, que ahora asegura que fueron encargados. Por la misma época mató a uno de sus cómplices, Bernard Weinstein. Un dato podría apoyar su historia: siempre ha manejado grandes sumas de dinero y cuando fue detenido en 1996 tenía veinte cuentas bancarias. No parece que

Historia de Dutroux

Filed under: Historias de papel — mundodepalabras @ 9:07 pm

El jurado popular y los jueces del Tribunal de Justicia de Arlon, al sudeste de Bélgica, han condenado al pederasta Marc Dutroux a cadena perpetua sin atenuantes. Cumplirá prisión de por vida por una serie de secuestros, violaciones y asesinatos de niñas y adolescentes belgas cometidos entre junio de 1995 y agosto de 1996.Dutroux fue declarado culpable el pasado jueves de haber asesinado a tres personas: las jóvenes An Marchal, de 17 años, y Eefje Lambrecks, de 19, y a su cómplice francés, Bernard Weinstein.

Además, se le consideró culpable del secuestro, reclusión y violación de las niñas Julie Lejeune y Mélissa Russo, ambas de ocho años.

También de la reclusión y violación de An, Eefje y de las supervivientes Sabine Dardenne, que en el momento de los hechos tenían 12 años, y Laetitia Delhez, de 14.

También es culpable de la violación de las chicas eslovacas Yancka y Eva Mackova, y Henrietta Palusova.

Lo único que queda por investigar en el caso Dutroux, es el llamado “dossier bis”, que incluye una serie de indicios que no han podido conectarse con el sumario principal después de todos estos años de instrucción.

La ex mujer del pederasta, Michelle Martin, ha sido condenada a 30 años de cárcel y su “secuaz” Michel Lelièvre a 25 años, mientras que el estafador bruselés Michel Nihoul ha sido condenado a cinco años de cárcel por haber dirigido una red de tráfico de estupefacientes en el marco de una asociación de malhechores a la que pertenecía el propio Marc Dutroux.

Las penas coinciden con las que había exigido la Fiscalía federal, excepto la del empresario Nihoul, que ha sido reducida a 5 años por la existencia de circunstancias atenuantes, en lugar del mínimo de diez años pedidos por el fiscal Michel Bourlet.

Por lo que respecta a Dutroux, la cadena perpetua, que en la práctica significa la reclusión por un plazo entre 25 y 30 años, se ve reforzada por una puesta a disposición de las autoridades, lo que permitiría, en teoría, prolongar la estancia en prisión del condenado por otros 10 años más cuando acabara la pena y si no hubiera perspectiva de reinserción en la sociedad.

Según el jurado, compuesto por 8 mujeres y 4 hombres, Dutroux no fue un pervertido solitario, sino el líder de una banda que secuestraba y encerraba a niñas, sí como miembro de un grupo criminal que traficaba con drogas, personas, documentos falsos y matrículas.

Con estas sentencias acaba el juicio ante jurado popular más largo de la historia judicial belga y sus ciudadanos finalmente podrán poner punto final a una época negra de la historia de este país

Historia de Michel Fourniret

Filed under: Historias de papel — mundodepalabras @ 9:05 pm

El nuevo escándalo de pederastia destapado en Bélgica tras la confesión de seis asesinatos de menores por el francés Michel Fourniret ha creado una gran conmoción social en el país, no sólo por la gravedad de los hechos, sino por las numerosas similitudes de este caso con el de Marc Dutroux.Fourniret fue el primero en compararse con el pederasta y asesino belga, condenado a cadena perpetua hace escasos días, cuando atemorizó a su última víctima, Marie-Asuncion Kirombo, de 13 años, diciéndole que “era peor” que Dutroux.La pequeña, que logró escapar del vehículo en que fue atada de pies y manos por Fourniret después de secuestrarla en la localidad de Dinant (sur del país), fue quien propició la detención del francés al acudir a la Policía, al día siguiente de los hechos, el 26 de junio de 2003.

Los datos que ha ido divulgando la prensa belga sobre el escándalo han puesto de manifiesto varias coincidencias entre el presunto pederasta francés y el belga.

El vehículo, la zona, las armas…

La primera de ellas es que tanto Dutroux como Fourniret actuaban con un vehículo similar, una furgoneta blanca de fabricación francesa, con la salvedad de que eran de distinta marca.

Uno y otro actuaron asimismo en regiones colindantes de Francia y Bélgica y probablemente recorrieran las mismas carreteras en busca de sus víctimas.

En opinión de los psiquiatras, tanto Dutroux como Fourniret son de “gran peligrosidad“, aunque destacan en el caso del francés una mayor posibilidad de reincidencia, señala el diario ‘La Derniere Heure’.

Fourniret, al igual que Dutroux no se limitó a ser un pederasta, sino que ambos comerciaron con armas.

Ambos compraron diversas propiedades inmobiliarias, incluso en localidades con nombres parecidos como la elegida por el del belga, Sars-la-Buisiere, y la del francés, Sart-Custinne.

En el mismo pueblo

En el sumario del ‘caso Dutroux’ hay asimismo constancia de que el pederasta pasó por el pueblo belga donde vivía el francés desde 1990, y efectuó una llamada desde la estación tras secuestrar a Laetitia Delhez, la última joven que raptó en 1996.

Incluso el cuarto condenado del ‘caso Dutroux’, el empresario y traficante belga Michel Nihoul, condenado a cinco años de prisión, tenía una casa de campo cerca de la de Fourniret.

Después de ser detenidos, y una vez fueron investigadas sus cuentas bancarias, se comprobó que, a pesar de que Dutroux era electricista y Fourniret guarda forestal, ambos tenían grandes sumas de dinero de procedencia desconocida.

Si a Dutroux, después de ser detenido le fue descubierta una cuenta bancaria en Luxemburgo y movimientos a su nombre en una segunda con cantidades superiores incluso a los 100.000 euros, al francés la Policía le localizó una con más de 200.000 euros al día siguiente de ser detenido en el sur de Bélgica.

Con sus esposas en prisión

En ambos casos llama la atención otra similitud como es el hecho de que Dutroux y su ex esposa Michelle Martin se casaran en la cárcel, mientras que Fourniret y su mujer, Monique Olivier se conocieron en prisión, cuando él cumplía pena en el centro penitenciario francés de Fleury-Mérogis, donde ella era asistente social.

Un nombre propio, Michel, tanto en masculino como en femenino, destaca también como una similitud en ambos asuntos, ya que además de ser el del guarda forestal francés, también lo es de la ex esposa de Dutroux, Michelle Martin, y de los otros dos cómplices condenados en el célebre proceso belga, Michel Lelievre y Michel Nihoul.

Historia de Natascha

Filed under: Historias de papel — mundodepalabras @ 8:56 pm

Austria está conmocionada por el hallazgo hoy de una joven de 18 años, secuestrada bajo circunstancias misteriosas hace más de ocho años y que fue encerrada en un sótano desde entonces por un supuesto captor, que murió esta pasada noche arrollado por un tren.La policía austríaca informó de que a la espera de los resultados definitivos de los análisis de ADN, varios familiares de la joven han confirmado la identidad de Natascha Kampusch, que en marzo de 1998, con entonces 10 años de edad, se encontraba de camino a la escuela cuando desapareció sin dejar rastro.

Según relató entonces una compañera de escuela y testigo de los hechos, la niña fue introducido por un desconocido en una camioneta y secuestrada, divulgó Efe.

Un portavoz de la policía dijo esta noche a la agencia de noticias APA que el supuesto secuestrador, un electricista de 44 años, se arrojó a las vías de un tren de cercanías al norte de Viena a las 9:00 p.m. hora local (7:00 p.m. hora GMT) y murió aplastado.

El caso de la pequeña Natascha ha sido hasta hoy uno de los mayores misterios de la república alpina, un próspero país centroeuropeo con índices de criminalidad muy bajos.

Más de ocho años después de su desaparición la joven logró huir esta mañana de su lugar de cautiverio y apareció en el jardín de una casa en la localidad de Strasshof, al norte de Viena.

En su primer contacto con las autoridades, la joven sólo dijo: ”soy Natascha Kampusch”. La chica -cuya desaparición fue muy comentada en la prensa austríaca a lo largo de los últimos ocho años- relató a las autoridades que estuvo encerrada en el sótano de una casa.

La policía registró la casa en cuestión y encontró un ”zulo” de tres metros por cuatro debajo de un garaje, accesible a través una hueco de 50 centímetros por 50 y protegido por un sofisticado sistema electrónico.

El padre de la joven, Ludwig Koch, dijo en declaraciones a la prensa austríaca que se siente ”increíblemente aliviado” después de tantos años de incertidumbre.

La familia de la niña anunció que hará una declaración pública en los dos próximos días. Según un portavoz de la policía, la joven padece un fuerte síndrome de Estocolmo, es decir, que se identifica con los intereses de su secuestrador.

Las primeras declaraciones de la joven arrojaron que la chica no estuvo siempre encerrada sino que en los últimos años el secuestrador le permitió de vez en cuando acompañarle al supermercado, aunque fuertes amenazas físicas impidieron su huida.

Asimismo, medios de comunicación locales indican que el hombre se dedicó a darle clases a la joven, que en su ”zulo” tenía una pequeña estantería con libros, así como una radio y televisión.

Durante años la policía austríaca trató de encontrar a la joven, inspeccionando incluso más de 700 camionetas en todo el país para encontrar pistas de la niña.

Buceadores de la policía la buscaron en numerosos lagos cercanos a Viena, detectives investigaron miles de pistas e incluso se llegó a emplear helicópteros con cámaras especiales para encontrarla.

Debido a que la desaparición de Natascha se produjo dos años después de conocerse el escándalo Dutroux en Bélgica, surgió el temor de que la joven podría haber sido víctima de una banda internacional de pederastas.

En junio de 2003 la policía recibió nuevas informaciones sobre el caso y ordenó hacer excavaciones al borde de un lago cerca de Viena, pero sin encontrar nada.

agosto 20, 2006

Escena de sexo cuento en cocción

Filed under: Cuaderno de notas — mundodepalabras @ 8:40 pm

Le dijeron, le chismearon, nunca hubo manera de comprobarlo. Ana sólo era Ana y su única circunstancia era el galpón, el polvo, las goteras, las películas viejas.

Camina hacia el rincón que hacía de oficina de Ana, se extraña de que puede hacerlo en la oscuridad, como si se tratara de su casa.

Tose.

Sobre el escritorio, Ana lo espera, desnuda, bocabajo. Una sombra se acerca, recoge el cabello sobre la espalda y lo acomoda hacia un lado. Sopla cálidamente recreando la columna vertebral que la poca piel de Ana le ofrece y llega hasta las nalgas, donde parece comenzar a resentir la falta de aire.

Respira y los escucha murmurar. ¿Canción? ¿Poema? ¿Palabras sin sentido?
Ella pregunta, afirma y exclama con desinterés:

-Llegaste…

Él cierra los ojos, los frota, los vuelve abrir y sólo hay oscuridad.

Ana tomó una beca para estudiar algo en España, algo, cualquier cosa. Ana no está. ¿A quién retienen noches intercaladas de sexo, un salario bastante cerca del mínimo legal y algunas películas viejas que no importan a nadie?

Ana no está pero él se va desnudando y comenta:

-Hoy te pensé ordenando los libros…

Vuelve la imagen, casi hiriente, Ana se voltea toda rostro, senos y sexo frente a él y lo mira a los ojos. Él no sabe si es cazador o presa y espera. En sus oídos escucha un eco amplificado de los latidos de su corazón.

Acerca sus labios y ella lo recibe. La levanta del escritorio y la coloca, no, la despliega sobre el piso, nuevamente bocabajo. Y son Ana y él otra vez, aunque ella se haya ido sin despedirse. La piel de ella reacciona a las asperezas y desniveles del cemento del galpón, él igual se acomoda para penetrarla.

Embiste furiosamente, quiere tatuarla como para que ella arrastre toda la pasión y ella está en uno de esos días en los que sólo se deja hacer. Si llega a sentir dolor estira los brazos hasta alcanzar una lata de película, parece por instante preguntarse cual podría ser, pero igual la aprisiona, a veces incluso la golpea contra el piso, como en un efecto dominó que va de él a ella de ella a la lata.

A veces se preguntan si alguien escucha, pero quién puede escuchar si a ese galpón nadie va, si sólo el anarquismo de la filantropía de su padre podía haberla descubierto para unos pocos más.
Terminan y él la voltea. La piel blanca llena de puntos rojos por la superficie del piso. En segundos el rojo será rosado, en minutos será blanco, tan blanco como siempre. Algún día él logrará dejar las marcas permanentes.

Se recuestan de lado, cuerpo sobre cuerpo. Acercan sus rostros al piso, les gusta escuchar los fluidos refrigerantes que comienzan a andar, como si se tratara de la sangre que fluye de nuevo en el cuerpo de un resucitado en los ductos que pronto protegeran tantas imágenes, tantas historias.

Algún día iba a dejar esas marcas permanente. Tenía esa certeza y con ella besaba a Ana nunca en la boca para despedirla: en la frente, en la mejilla o en un hombro y se perdía después de la puerta del galpón.

Nunca imaginó que estaría allí dentro, prisionero de una celda absurdamente inmensa, y Ana perdida.

Se viste de nuevo y se sienta al escritorio a pensar.

agosto 17, 2006

Nuevas escenas de Sara

Filed under: Historias compartidas — mundodepalabras @ 2:32 pm

Escena 7:  Ext. Asiento de autobús. Noche (madrugada)

 

Sara está en su asiento, pegada a la ventana, donde se reflejan algunos adornos de la decoración del autobús, que es un tanto recargada. Tiene la mirada perdida, mientras sus manos juegan con el fajo de papeles que lleva en su regazo. (sonido ambiente)De cuando en cuando baja la vista y revisa los papeles, va pasando las hojas y aparecen hojas que son panfletos de sus presentaciones y fotos de ella con vistosos trajes de su época de cantante.Después de pasar unos cuantos comienza amanecer y se escucha un grito del autobusero: 

                            Autobusero (con tono áspero): ¡Llegaron los de Punta Ayala! La salida es por atrás y rapidito que tenemos que darle… 

Audio: Música suave, llanto de un niño, murmullos de conversaciones, sonidos de maletas moviéndose, risas contenidas 

Sara se estira un poco, se frota los ojos, bosteza con timidez, recoge sus cosas y se levanta para bajarse.Corte A

 

Escena 8:  Ext. Punta Ayala. Día (Amanecer)

 

Sara camina de espaldas a la cámara hacia la calle principal de su pueblo Todo parece estar desierto. Apenas se escuchan algunas radios encendidas y algunas voces a lo lejos. Al fondo, como música, el sonido del mar. (sonido ambiente)Cuando ya comienzan a verse las casas, todas de colores muy vivos, aparece una niña con un vestido de flores, corriendo, saltando, que se va deteniendo en algunas fachadas. Sara parece seguirla con desinterés pero no la pierde de vista. Se trata de Sara niña que le va fijando su vista en las casas de algunos amigos y de algunos negocios que ya no están y ahora son posadas turísticas. Al final de la calle se ve el mar y mientras Sara camina, el ruido del agua aumenta. (sonido ambiente)La niña se pierde al final de la calle e igualmente Sara segundos después. Se ve el mar con pocas olas y el reflejo de los primeros rayos del sol sobre el agua. El ruido del mar es dominante ahora. 

Audio: Sonido del mar, voces de locutores de radio y canciones. 

Escena 9:  Ext. Restaurante en la orilla de la playa. Día. Amanecer.

 

El restaurante está sobre una losa de cemento bastante rudimentaria. Se observan unas cinco mesas, la mayoría con las sillas todavía arriba. Hay una larga barra también de cemento, donde dos mujeres y un hombre conversan y ríen sin que se les entienda lo que dicen (sonido ambiente).Un hombre y una mujer muy altos y rubios llegan al restaurante, enseguida uno de los hombres se acerca, baja las sillas de una mesa, acomoda dos y trae un mantel de hule blanco y lo coloca a la mesa.La rubia saca una cámara fotográfica profesional y se levanta caminando hacia la arena, allí comienza a tomar imágenes del amanecer. A su lado pasa un joven de unos dieciocho años con un balde donde lleva algunos pescados que lleva al restaurante.El joven entrega a una de las mujeres detrás de la barra el pescado, su madre. Ella lo saca del balde y besa su frente con mucha ternura. La rubia ha estado observando todo esto y toma una foto de la escena.El joven sale corriendo y la rubia se sienta.La madre del joven besa un crucifijo y sigue hablando con al otra mujer y el hombre en la barra que ya tienen listos los platos que van a servir a los turistas. 

Audio: Sonido del mar, diálogos entrecortados, risas y música de radio.Corte A 

Escena 10:  Ext. Embarcadero de Punta Ayala. Día. Amanecer.

 

Sara está de pie mirando diagonalmente al mar y las últimas embarcaciones que saldrán en el día, peñeros descascarados con hombres de diferentes edades que acomodan dentro de sus naves cavas de metal y anime, redes y aparejos. En la orilla de la playa hay mujeres con bebés en sus brazos y niños un poco más grandes que despiden a sus esposos, padres y hermanos. (sonido ambiente)Sara ve al fondo a la niña que es ella misma, sola, mirando al mar.Audio: Sonido del mar, sonidos de besos, gritos. 

Disolvencia A 

agosto 15, 2006

Material consolidado historia de Sara

Filed under: Historias compartidas — mundodepalabras @ 2:20 pm

(Sinopsis)

Sara Ibáñez está nuevamente en las ferias itinerantes, esos teatros que le dieron la oportunidad de abandonar su pueblo natal, Punta Ayala. Se fue para convertirse e la estrella de la función y regresó para ser la barrendera. Pero el destino le demostrará que sólo en casa es posible reencotrarse a sí misma.

(Desarrollo Argumental)

Sara está terminando el último turno en su trabajo como barrendera en una feria itinerante que ha llegado a su pueblo cuando, de repente, mientras barre, recibe de un carro de la “Rueda de la fotuna” una literal lluvia de cotufas.Sara, quien tuvo una infancia dura, se siente profundamente feliz en ese instante y comienza a poner en perspectiva su vida hasta ese momento: su niñez, su descubrimiento como cantante durante su adolescencia, su contratación en un espectáculo teatral ambulante, sus giras por todo el país, sus presentaciones en modestos programas de televisión, su constante rechazo a su pasado y su caída hasta regresar a su pueblo sola, derrotada y avejentada.Pero ahora este instante de felicidad le ha dado fuerzas y Sara sabe que puede levantarse y continuar.   

 


Fade in  

Escena 1:  Exterior    Feria                Noche

 

Escoba en movimiento (barriendo)  

Audio: Sonido de una escoba barriendo  

Se observa a SARA con una braga azul de uniforme de bedel con la escoba en la mano. Sara prosigue con su trabajo mientras a su alrededor puede verse la feria. Kioskos de comida y de juegos de tiro al blanco, gente que camina de un lado a otro y dominando el paisaje, una rueda de la fortuna con luces multicolores. (Sonido ambiental)  

Audio:Se escuchan al mismo tiempo: pasos, murmullos, risas, sonidos de máquinas, disparos y música de feria.  

Corte A  

Escena 2:  Exterior    Feria                Noche

 

En un carro de la rueda de la fortuna se observa una pareja joven de Punta Ayala, conformada por un muchacho de 16 años y una muchacha de 15 años. A la cita también asiste el hermanito de ella, quien tiene 7 años y va en calidad de chaperón. (Sonido ambiental).

 

El niño quien lleva una gran bolsa de cotufas trata de llamar la atención asomándose fuera del carro de la rueda de la fortuna, mientras la pareja se besa.  

                            Niño (con tono burlón): Mireeeeeeennnnnnnn….!  

La pareja prosigue con su actividad y el niño insiste parándose y tomando a su hermana por el brazo.                                                Niño (con tono exagerado): Mira, pues… Mira, pues…  

La hermana muy molesta se voltea  

Hermana : Tú no dijiste que si te compraba las cotufas te ibas a quedar quieto. Bueno ahí las tienes..  

El novio se voltea y se ríe irónicamente en señal de fastidio. El niño regresa a su asiento y parece tranquilizarse. Mira fijamente las cotufas, mira a la hermana quien vuelve a besarse con el muchacho, mira afuera del carrito, mira las cotufas y las lanza gritando.  

                            Niño (Triunfante): Ya no!!!!                                                         Audio:                             Música de la rueda de la fortuna, gritos  y murmullos.  

Corte A  

Escena 3:  Exterior    Feria                Noche

 

Sara está concentrada barriendo, mientras se observa que a su alrededor y sobre ella caen cotufas (Sonido ambiente). Sara continúa barriendo y aparece caminando el vigilante, quien lleva un pequeño radio portátil donde se escucha el bolero “Tú me acostumbraste”.

 

Vigilante (Desafinado y continuando su caminar): Tú me acostumbraste, a todas esas cosas y…..  

Sara deja de barrer y sin soltar la escoba, se le ilumina el rostro y mira al cielo (Sonido versión original del bolero).  

                            Audio:                             Sonidos de feria y pasos de persona.                             Bolero original “Tú me acostumbraste” 

agosto 12, 2006

Un cuento en cocción

Filed under: Cuaderno de notas — mundodepalabras @ 8:43 pm

Escribir el texto que falta en un libro de relatos es, ni más ni menos, buscar la pieza más pequeña y delicada del engranaje de una máquina de alta tencología. Es el tornillo Phillips de cabeza particularmente estríada, la torre de precisión de una bujía japonesa.

 Y encima es peor si tiene que escribir en medio de la mudanza.

 Realmente hace poco, las cosas van bien, paga una compañía especializada que ha acomodado, embalado y transportado, en un camión equipado, todo asegurado, todo lo que se puede aspirar cuando se ha dispuesto todo y pagado todo. Él todavía sigue en el viejo apartamento, se aferra a la última mesa, la que irá en el último viaje, el desktop ya está en la nueva residencia, se defiende con su laptop.

Se aferra a esa mesa como un náufrago y piensa la metáfora y la teme, porque la gran conclusión que le dejaron las mudanzas con sus padres es que cada uno de esos traslados es un naufragio. Una tremenda tragedia donde se pierden fotos, memoria, libros, palabras, discos, melodías y quién sabe cuántas cosas más que forman parte del vacío que ahora le acompaña y, claro, si no logra recordar qué fueron, no puede buscar sustituto.

 O tal vez ni siquiera haya reemplazante posible, sólo la brecha que deja cada pérdida.

De los libros, sólo conservó consigo “Tres rosas amarillas” de Raymond Carver donde está el relato “Cajas”. Lo relee obsesivamente y se va sintiendo protagonista, narrador, personaje y acción de cada uno de los eventos del relato.

Estaba convencido de la importancia y conveniencia del proceso secuencial: primero, todas sus cosas fueron embaladas, en orden creciente de prioridad en esas cajas, luego las comenzarían a trasladar. Pero, mientras veía que el rompecabezas de su casa se desmontaba en cajas que se apilaban comenzó a preguntarse sino sería toda la mudanza un sueño y que ahora viviría de esa manera, con ese nuevo método de organización.

Esta sensación, un miedo, una ansiedad, desapareció cuando salió la primera caja. Simplemente bastó eso, un joven de un metro ochenta cargando un caja. No se podía saber qué iba en lla, pero cuando el joven traspasó el umbral, la mudanza comenzaba a consumarse.

 Es que incluso ve fantasmas. Ahora ha podido ver desfilar, una a una, las últimas mujeres que durimieron en ese apartamento. Parece poder distinguir como cada una llega a reclamar y se lleva aquellos objetos que, de alguna manera, podían decir que les pertenecía.

 Ha visto a Mariana llevarse unas hojas manuscritas que relataban una escena sexual de una novela inédita, de hecho, inconclusa, que recreaba casi al calo una noche entre ellos.

 Él quiere mudarse para tener adonde volver, él quiere viajar para poder sentir lo que es la emoción del regreso, del reencuentro. Con tantas cosas. Fantasea sobre ello.

 Siempre quiso tener un gran ventanal con vista al mar, una inmensidad azul, que se perdiera a su vista, que le hablara de infinitos, de la ausencia de limitaciones.

¿Qué es la felicidad total para él? terminar ese cuento, colocarlo en el libro y ver cómo funciona el engranajae. Pero al instante que lo relea completa comenzará la inquietud de un próximo libro a agrietar esa felicidad y nada podrá ser completo.

 Conoció a Ana en el mero formalismo burocrático de hacer un recorrido por las instalaciones donde la empresa donde trabajaba construiría una archivo de conservación de material fílmico. Ana era la responsable del galpón donde ahora se apilaban todas las latas de tal forma como si quisieran ser destruidas lentamente.

Era un galpón polvoriento, cálido y húmedo, inmenso, donde Ana se volvía aún más insignificante que lo que sus 50 kilos, su 1,60 de estatura y su piel blanca opaca la hacía.

Ese galpón donde casi nadie iba, que casi nadie conocía, comenzó a recibir las flores, los regalos y luego las visitas.

Y Ana jugaba con conciencia y después de las primeras veces ya había horas donde su ropa interior estaba guardada en su cartera y debajo de los vestidos y las faldas lo esperaba húmeda e impaciente.

Debajo de ellos se escuchaban los últimos sonidos de la jornada d elos obreros que preparaban todo el sistema de enfriamiento, a veces un teléfono sonaba, casi siempre equivocado, mientras ellos temblaban.

Después del amor, Ana se arrodillaba y trataba de buscar en el piso alguna evidencia para recolectarla y esconderla. A él siempre le quedó la duda: ¿sería para esconderla y no delatarse o para que nadie profanara esas pistas del placer?

 Le gustaba ver desde el nuevo balcón los aviones: de quienes se van por placer y vuelven pronto, de quienes se van obligados y no podrán volver, de quienes se van para nunca volver, para olvidar que estuvieron. Y es que, después de todo, el sabe que su caso no puede ser distinto: dos de los principales argumentos en la toda historia son alguien que llega y alguien que se va. 

Dentro de Ana se disolvía en partículos fluidas: sudor, semen, saliva, todas corriendo con agilidad de rio y desembocando dentro de aquellas cavidades que eran suyas.

 Ana siempre callaba durante el sexo. Él cerraba los ojos. Ella los tenía abiertos pero su mirada divagaba. A él le hubiera gustado decirle algo significativo al oído antes, durante o después del forcejeo casi violento de cada encuentro, pero siempre se trababan las palabras, como un niño aprendiendo a caminar se esforzaba proque ana tatuara en su cuerpo cada embestido y eso consumía toda su fuerza.

A veces se detiene y piensa en la correspondencia: todos los sobres que por semanas, tal vez meses llegarán a su vieja residencia. Alguien podrá saber cuánto gasta en teléfono celular y a quién llama, leerá algtuna postal, recibirá algún material por subscripción que no pueda procesar su cambio de dirección a tiempo.

Los rótulos de la caja son, en general, genéricos. Libros, utensilios, archivos. Algunos se limitan a decir frágil, seguramente contendrán la vajilla que le regaló su madre, algún florero, posiblemente los discos.

 Él se detiene a observar la ceremonia del embalaje y, de repente, siente que se trata de una especie de técnicos funerarios, de embalsamadores de su vida en esas paredes.

Luego vendrá la resurección gloriosa, a la luz del sol que deja entrar el inmenso ventanal, pero quedan días de oscuridad, de muerte, de desolación.

Con cada caja que sale siente que la temperatura de la sala desciende alguna milésima parte grado centrígrado y aunque sabe que debe ser algo sicóligco igual su piel lo resiente y, de repente, eriza algunos vellos.

 A veces él llegaba con ímpetu, con hambre y la arrebataba. Otras veces se aceraba a ella lo suficiente y esperaba para que se fuera trenzando sobre él, como una enrredadera, y ella se aferraba hasta casi asfixiarlo.

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