Como dormido y arrastrado por el resto de la correspondencia -una revista por suscripción, dos invitaciones y memorandos- una mañana llegó un sobre.
Era Milena que escribía, correo certificado, sólo direcciones de oficinas de correo. la primera llegó de Madrid. Luego Valencia. Zaragoza. Barcelona. Y después fue paseando por Europa. Amsterdam, Berlín, Viena, Roma y más ciudades.
Al parecer él era parte de una técnica sicológica, un escribir cartas para ordenar la vida para entenderse mejor.
Y todas las cartas siempre comenzando igual: ‘¿Qué es la vida?’
Y la vida durante meses fue una moneda, una bicicleta, una isla desierta, un gruta escondida, ur árbol y su fruto, un planeta distante, por tantas razones.
La vida también fue una caja. ‘Una caja donde uno mete y va metiendo cosas, a veces hasta se olvida de lo que hay dentro, pero llega un momento en que hay que comenzar a sacar para que la caja no se rompa’.
Y así se sintió él, un objeto sacado de la caja para que no se rompiera.